Hace poco recuperé de Internet un programa de “Equipo de investigación” de La Sexta, “los   medicamentos de la felicidad”, donde mencionaban el enorme uso de medicamentos que son empleados para de algún modo hacernos más felices: nos quitan la ansiedad y la depresión y nos dejan dormir. Medicamentos muy consumidos, todos conocemos a alguien que toma o ha tomado prozac, valium, orfidal o trankimazin, pero, ¿qué tienen en común todos ellos y en qué se diferencian?

Psicofármacos en el cerebro: una cuestión de sinapsis y neurotransmisores

Los psicofármacos son medicamentos que actúan modificando la comunicación entre neuronas y por tanto nuestra actividad mental. Cualquier información procedente del medio que nos rodea se convierte en nuestro cuerpo en un impulso eléctrico que activa las neuronas y permite, al más puro estilo de una carrera de relevos, donde un corredor cede el testigo al siguiente corredor, que una neurona transmita a otra unas sustancias químicas llamadas neurotransmisores (NT), enviando así con este un mensaje que varía en función del neurotransmisor cedido.

Existen muchos tipos de neurotransmisores, pero los que nos interesan en este caso son tres: el GABA,  la noradrenalina y serotonina.

Ansiolíticos e hipnóticos: amistad con el GABA

Los ansiolíticos suprimen la ansiedad, situación en la que se suele tener angustia o aprensión frente a una situación, además de provocar cierta irritabilidad y síntomas como taquicardia, sudoración o insomnio.

Para frenar la ansiedad, los ansiolíticos se unen a unas estructuras presentes en la superficie de las neuronas, llamadas receptores de GABAa (abreviatura de ácido gamma-aminobutírico A), neurotransmisor depresor por excelencia. Los ansiolíticos al unirse a estos receptores, facilitan la acción inhibidora que posee el GABA, lo que nos provoca relajación y sedación.

Los ansiolíticos estrella son los que pertenecen al grupo de las benzodiazepinas, donde entran el Valium® (diazepam),Orfidal®  (lorazepam), Lexatin®  (bromazepam) o Trankimazin® (alprazolam). Pero las benzodiazepinas no sólo actúan como ansiolíticos, sino que a dosis un poco más altas también pueden provocar sueño, por lo que pueden emplearse como hipnóticos.

Antidepresivos: influyentes sobre la noradrenalina y serotonina

La depresión, a menudo considerada como una tristeza prolongada, acompañada de una pérdida de ganas de realizar diferentes actividades, falta de concentración, etc, puede ser reducida gracias a los medicamentos antidepresivos.

Al contrario que los ansiolíticos que buscan una actividad inhibitoria, los antidepresivos potencian aumentar la transmisión entre neuronas. Para ello juegan su baza a nivel de otro tipo de neurotransmisores, como son la serotonina y la noradrenalina.

Así la acción de los antidepresivos se basa en inhibir dos procesos que ocurren de forma natural con todos los neurotransmisores: por un lado disminuyen la recaptación por la propia neurona que lo ha liberado, así encontramos los inhibidores de la recaptación de neurotransmisores como son Prozac® (fluoxetina),  Seroxat® (paroxetina), Aremis® (sertralina,…),etc. También se inhibe la degradación del neurotransmisor una vez  que haya llegado a la siguiente neurona, función que ejercen los conocidos como inhibidores de la monoaminooxidasa o IMAO, tales como la tranilcipromina o moclobemida. En ambos casos lo que se consigue es un aumento del neurotransmisor presente, facilitando un aumento de su acción.

Psicofármacos: qué son y cómo funcionan
Etiquetado en: