Abusar de los antibióticos: un problema de resistencia bacteriana

Todos los inviernos empezamos a oír la misma historia: “no abuses de los antibióticos”, “si los usas mucho ahora luego no te harán nada”,…y decimos “qué pesados, ya están otra vez”. Sí, cada año igual, pero es por una buena razón, créeme y déjame que te lo explique:

¿Qué significa que una bacteria sea resistente a los antibióticos?

La sensibilidad-resistencia de las bacterias reside en la eficacia o pérdida de actividad de los antibióticos frente al patógeno. En el caso de una bacteria sensible a determinado antibiótico esta no crecerá (sin entrar a hablar de las concentraciones del medicamento) y una bacteria resistente seguirá reproduciéndose pese a la presencia de dicho fármaco.

Pero como una imagen vale más que mil palabras, te voy a enseñar un ejemplo que creo dejará todo claro desde el principio.

Esto es un antibiograma: una placa donde se siembra la bacteria que se quiere estudiar y los pequeño discos del interior son los antibióticos de los cuales queremos conocer su eficacia. En esta imagen, cuatro de los discos muestran alrededor de ellos un halo, el llamado halo de inhibición, que es la zona donde las bacterias no han crecido debido al efecto que ejerce sobre ellas el antibiótico. En el caso del único disco sin halo, se ve cómo la capa fina de bacterias ha crecido por toda la zona, lo que indica que este antibiótico no es eficaz, y de esta forma es como veremos una población bacteriana frente a un antibiótico al cual es resistente.

¿Cuál es el problema de la resistencia bacteriana a los antibióticos?

Cuando empezamos a tomar un antibiótico, la bacteria que se pone en contacto con él deja de crecer, pero con el tiempo esas bacterias van creando unos mecanismos de defensa para no ser atacadas por los antibióticos, es lo mismo que decir que se van haciendo resistentes al medicamento. Esto provoca que tengamos que aumentar cada vez más la dosis administrada y que con el tiempo sea totalmente ineficaz. En consecuencia se recurre a antibióticos más potentes, pero si empieza a ocurrir lo mismo con estos, nos quedaremos sin arsenal para luchar contra las bacterias.

Mecanismos de resistencia de las bacterias frente a los antibióticos

Aunque existen varios tipos de antibióticos, los más comúnmente utilizados son los llamados beta-lactámicos, grupo al cual pertenece la penicilina y sus derivados. Debido a su uso tan extendido, son los que presentan más problemas de resistencia  y son de los cuales hablaremos. Las formas de resistencia que se pueden encontrar en este grupo son:

Producción de enzimas que inactivan el antibiótico:

Este es el mecanismo más frecuente en los antibióticos beta-lactámicos. Las bacterias producen unas proteínas (enzimas) llamadas β-lactamasas que reaccionan sobre el antibiótico impidiendo que ataquen a las bacterias. Actualmente este problema se soluciona añadiendo al antibiótico un inhibidor de dicha enzima, como es el ácido clavulánico. De esta forma, aumenta la eficacia del medicamento frente al patógeno, pero un uso indiscriminado de estos hace que cada vez se necesiten concentraciones más altas hasta que lleguen a ser totalmente inservibles. No pienses que estos medicamento no los has visto nunca, son algo tan sencillo como el Clamoxyl© (amoxicilina) o Ardine© (amoxicilina más ácido clavulánico).

Cambios en la diana de acción del antibiótico:

Para poder ejercer su efecto, los derivados de las penicilinas (entre ellas la amoxicilina) necesita unirse a unas proteínas existentes en la pared de las bacterias llamadas PBP (Penicillin-binding proteins). El consumo extra de antibióticos provoca unos cambios en las PBP’s que impiden su reconocimiento por los antibióticos y no puedan unirse a ellas.

Creación de porinas:

Otra forma de defensa de las bacterias es a través de unos canales llamados porinas, existentes en condiciones normales en la pared celular bacteriana. Tras el alto uso de antibióticos, dichas porinas se modifican, dificultando la entrada de los fármacos y el acceso hasta su lugar de acción.

Bombas de expulsión:

Al contrario que ocurre con las porinas, en este caso lo que se provoca es la expulsión del antibiótico ya existente en la bacteria, de forma que la cantidad de medicamento presente es inútil para acabar con esta.

Además hay que tener en cuenta que todas estas modificaciones producidas en una bacteria son transmisibles a otras, por lo que la resistencia frente a los antibióticos puede crecer a pasos agigantados.

Por todo esto es muy importante sobre todo en invierno, no automedicarse frente a las infecciones respiratorias, ya que en muchas de las ocasiones el agente causante es un virus, y debido a su mecanismo de acción, a estos los antibióticos no les hacen ni cosquillas. En muchos casos son procesos autolimitados, por lo que pasados unos días remitirán solos sin necesidad de ningún medicamento, y sobre todo, sin necesidad de antibióticos. De esta forma garantizamos que cuando verdaderamente necesitemos un antibiótico, este será eficaz.